Visitar las Salinas de Manaure es asomarse a un paisaje único que parece de otro planeta, montañas de sal, piscinas que mutan del blanco a tonos rosados, y el viento del desierto imprimiendo carácter. A una hora al norte de Riohacha se llega a un territorio donde “la sal se cultiva bajo el sol y el viento”. No es solo una postal fotogénica: aquí conviven tradición Wayuu, economía local y un oficio que se transmite de generación en generación.
Las Salinas de Manaure constituyen el complejo salinero marino más relevante de Colombia. El proceso, visible para el visitante, inicia al canalizar agua de mar hacia grandes piscinas de evaporación. Con el sol y el viento del desierto, el agua se reduce hasta que la sal se cristaliza; luego se recolecta y se apila en pequeñas montañas que parecen de nieve.
Más allá de su escala productiva, tienen una dimensión cultural: parte del territorio se vincula a cooperativas Wayuu, lo que refuerza su identidad comunitaria y el valor de un turismo que entiende el paisaje como cultura viva.
Agencia local (recomendado): en Riohacha hay operadores con tours de medio día o día completo que recorren las playas de Mayapo y después vistan las salinas de Manaure, estos itinerarios incluyen transporte, alimentación y guíanza, en la que comúnmente los prestadores son indígenas Wayuu que le aportan cultura a la experiencia, gestiona accesos y cuidan el respeto por el territorio guajiro.

Recorrer los campos de sal: pasear entre piscinas (respetando áreas activas), observar canales y montículos y entender el ciclo completo de la sal desde la canalización hasta la cristalización. Los guías locales suelen señalar en qué etapa está cada estanque y por qué algunas piletas cambian de color.
Fotografía de paisaje: el contraste blanco de la sal, el azul del cielo y los rosados de ciertas piscinas regalan escenarios muy potentes. Conviene usar ángulos bajos para destacar texturas y reflejos y llevar gafas oscuras por el brillo. Al atardecer, los cristales ganan volumen y los reflejos se vuelven más cálidos.
Tour guiado (ideal si es con la comunidad Wayuu): aporta contexto histórico y cultural, anécdotas del oficio y normas de seguridad propias de una zona productiva en activo. Además, ayuda a identificar zonas permitidas para caminar/fotografiar y a entender la relación entre clima, viento y tiempos de cosecha de sal.
Visita al Museo de la Sal: una parada corta y muy didáctica para quien quiera profundizar. Exhibe la historia salinera de Manaure, herramientas tradicionales y paneles que explican el proceso (del agua de mar a la montaña de sal). Suele haber guías Wayuu que cuentan relatos familiares ligados al oficio y resuelven dudas técnicas.
En algunos casos se incluye una pequeña muestra de chirrinchi o yotshi, un licor artesanal obtenido de la destilación de la caña de azúcar, además en el recorrido observaran una galería fotográfica con imágenes de distintas temporadas. Es el complemento perfecto para llegar al campo con otra mirada y valorar mejor lo que se ve en las piletas.
Complementos: parada en Mayapo para playa y almuerzo, o uso de Manaure como escala de una ruta mayor hacia Uribia o el Cabo de la Vela.
Recordatorio del autor, útil y directo: “no entrar a piscinas activas sin guía”. Entre el brillo y la emoción de la foto, es fácil perder la referencia de seguridad.
La sal en Manaure se entiende con la cosmovisión Wayuu, el calendario de trabajo en la extracción, recolección y procesamiento depende del sol y el viento, y el territorio se organiza con lógica comunitaria. Los recorridos con guías Wayuu muestran cómo la sal conecta memoria familiar, cooperativas y autonomía económica.
Se recomiendan gafas oscuras por el reflejo y, para fotógrafos, filtro polarizador.


Presupuesto orientativo (sin cifras cerradas)
El costo total variará según temporada, operador y tamaño del grupo. Como regla de oro:
Preguntas frecuentes sobre las Salinas de Manaure
¿Se puede visitar por cuenta propia?
Sí, siempre que se respeten áreas activas y se sigan indicaciones locales. El recorrido con guía comunitario enriquece la experiencia y evita problemas de ubicación.
¿Cuánto tiempo dedicar?
Entre 45 y 90 minutos en las salinas, basta para observar el proceso y hacer fotos con calma.
¿Cuándo es mejor ir?
Durante casi todo el año, priorizando la mañana temprano o tarde por luz y temperatura.
¿Hay baños, tiendas o servicios?
Los servicios son limitados. Conviene prever agua y snacks desde Riohacha y confirmar con el operador.
¿Es un lugar “rosado” todo el tiempo?
No. El color depende de luz, profundidad y etapa del ciclo de la sal. Aun sin rosa intenso, el paisaje es muy fotogénico.
¿Se puede combinar con otras paradas?
Sí, el recorrido pasa por Mayapo y desde Manaure pueden visitar el Cabo de la Vela que encaja perfecto en la ruta.
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